Los marginados de Ancud siguen esperando…

Agosto 11, 2009 por

Heroínas anónimas salen a las calles de Ancud para atender a los indigentes que circulan por las calles de la ciudad, sin que nadie colabore en su reaserción social. Y sus penas están lejos de acabar, pues una nueva familia se sumó a los “sin techo” en los últimos días…

 

La pobreza siempre golpea nuestras conciencias. Se encarga de recordarnos su existencia en la miseria humana y, muchas veces, damos vuelta la mirada y pasamos de largo. Pero no quiere esconderse. Es una realidad que convive con nosotros y reclama atención. En los últimos meses ha sido posible observar en las calles ancuditanas a muchas personas en situación de calle, que no reciben prácticamente ningún tipo de ayuda institucional. Sólo colaboraciones esporádicas de voluntarios o simplemente de personas que se acercan con una taza de café y un pan, para ayudarles a pasar la noche. No se trata en esta oportunidad de casos de pobreza que cuentan con una casa o que se agrupan en familias, sino de personas que están absolutamente solas y no cuentan con un lugar dónde vivir. La calle es su hogar, así de simple. Una de estas noches nos acercamos a la esquina de calle Blanco con Dieciocho, pleno centro de Ancud, al alero de un conocido supermercado de Ancud que sirve en las primeras horas de la noche como su refugio ocasional. Lamentablemente este espacio no es único: también el muelle, las afueras de una botillería u otro supermercado de calle Prat…

 

VIDA EN LA CALLE

Son cerca de veinte las personas que recorren las calles céntricas de la ciudad. Conversamos con Manuel Antonio Vargas Nauto, de 38 años, quien cuenta el porqué sigue en la calle. “Soy de Caicumeo y tengo mi casa, pero estoy apoyando a los cabros, estoy decaído por el alcohol y nunca me ha gustado que discrimen a la gente de la calle; tengo ganas de superarme. Tengo a mi mamá y a mi hermano que me apoyan, pero estoy pasando un mal momento, mire las condiciones en las cuales están viviendo. Hemos estado en las buenas y en las malas”, dice el hombre. No todo en su vida es triste: “Ahora tenemos un terreno para construir alguna casita, pero nos falta el apoyo de alguna persona o autoridad, porque ayudan a tanta gente del campo y a nosotros nos dejan de lado”, dice Manuel. Su compañera María Eugenia Beltrán, más conocida como la “peque”, entrega algunos detalles de su vida. “Llevo rato acá, ellos me están acompañando, no tengo familia, vivo en la calle hace como tres años, he estado en varias partes. Estuve antes en la feria antigua, pero se quemó y ahora estoy aquí. Hay gente que les incomoda que estemos por aquí, pero no somos personas malas”, dice sin moverse mucho, porque aparentemente se encuentra delicada de salud y reclama por una atención médica, mientras acomoda los cartones que le sirven de cama.

 

AMIGAS DE VAGABUNDOS…

En ese momento, Manuel Vargas, interrumpe para señalar a las dueñas de casa que los visitan y ayudan de manera desinteresada. “Estas ‘joyas’ siempre han venido a dejar cafecito y alguna cosita, yo hablo por los jóvenes, que les den alguna posibilidad de ayudarlos: planchas de zinc y madera, porque tenemos un terreno en el (sector) agua potable para irnos a vivir”, señala Vargas.

Justamente quienes le entregan una ayuda, son dos vecinas ancuditanas que no quisieron revelar sus identidades. Se trata de Stefany y Marcela, que amparadas por la buena voluntad, resumen su colaboración. “Vengo a acompañar a mi amiga cuando hay que salir, las autoridades debieran preocuparse más, darle una mediagua en cualquier lado. Hay gente que ya no toma, pero nadie la ayuda, igual uno viene a ayudarlos, a conversar, para acompañarlos. Lo hacemos después de nuestro trabajo”, comentan ambas voluntarias.

Patricia Reyes es también una de estas vecinas que hace bastantes meses sale de su casa en compañía de su hijo, para entregar café y pan a estas personas. Ella no participa de ninguna institución ni cuenta con una situación social que le permita costear estos gastos.  Pero su compromiso social supera cualquier obstáculo. “Con mis compañeras venimos a ver a los chicos, somos dos las que trabajamos de nana y cuando podemos, les traemos algo para que coman. Eso lo hacemos de cariño, es algo que quería hace tiempo, buscaba quien me acompañe. Así apareció mi amiga y mi hijo. A mí no me gustaría que mi hijo estuviera desamparado y mal mirado por ahí. Esta gente está muy desamparada, falta más apoyo, ojalá alguien venga y haga algo por ellos”.

 

UN PROYECTO, UNICA ESPERANZA

Esta problemática social es conocida por el departamento Social del municipio. Consuelo Salinas, encargada de esta oficina, cuenta que se les ha tratado de ayudar, sin embargo –a juicio de la profesional-, ha sido imposible reinsertarlas en la comunidad debido a los graves problemas de salud que enfrentan por el alcohol, que lamentablemente es crónico. Si bien estos intentos han fracasado, esperan que la postulación a un proyecto “Calle” del FOSIS se concrete, justamente para atender estos casos. “Estamos concientes de que este tipo de situaciones existen en Ancud, pero la verdad es que la ayuda que hemos entregado no ha servido para mejorar su calidad de vida. Hemos colaborado con contactos en el Hogar de Cristo, para que los reciban y puedan quedarse, pero lamentablemente su condición de calle hace inviable este camino”, sostuvo la funcionaria municipal.

Así, el municipio sólo ve en ese proyecto FOSIS la solución al grave problema humanitario presente en las calles de Ancud. No hay fondos locales para ellos.